En el sector de la energía, lo mejor puede ser enemigo de lo bueno. Muchas son las dificultades en los proyectos de control energético, que también son causa de múltiples fracasos. Veamos 3 situaciones que se deben evitar para llevar a buen puerto un proyecto.

Coordinación del proyecto: grandes expertos frente a múltiples partes implicadas

A la hora de emprender un proyecto de control energético, solemos toparnos con dos enfoques opuestos. El primero consiste en la visión tradicional, que se basa en una metodología rígida controlada por unos pocos, pero muy expertos en la materia. En cambio, el segundo enfoque es más colaborativo y se basa en la implicación de múltiples partes implicadas para fomentar el intercambio de opiniones y la implantación de procesos de mejora continua. Informar sobre los desafíos que conlleva un proyecto de control energético tendrá más probabilidades de suscitar la adhesión de todas las partes implicadas (inquilinos, personal de mantenimiento…) para que tengan en cuenta el parámetro energético en sus decisiones cotidianas y, en definitiva, conseguir mejores resultados. Sin una buena concienciación, más de un proyecto podría desembocar en protestas y disconformidades. Un buen ejemplo son las peleas que se producen en las oficinas para decidir cuál debe ser la temperatura de consigna (de calefacción o climatización).

Objetivos y medios: ¡el contexto es la clave!

En muchas ocasiones, vemos que los objetivos se determinan en función de tendencias muy extendidas, pero sin haber efectuado un balance previamente. modo de ejemplo, si una empresa de la competencia anuncia una reducción del 20 % en su consumo energético, voy a apostar por un objetivo similar sin cuestionarme sobre el estado inicial de mi patrimonio inmobiliario ni los medios necesarios para alcanzarlos.

Para conseguir objetivos coherentes que permitan implantar una gestión energética adaptada, conviene formularse dos preguntas:

  • ¿El objetivo es acorde al contexto? Si los objetivos de mejora no se ajustan a la realidad, es probable que las medidas que se tomen sean demasiado ambiciosas. El resultado será un fracaso y una desmotivación para los equipos.
  • ¿Los medios previstos son compatibles con el funcionamiento actual de la empresa?Un ejemplo que está, desafortunadamente, muy extendido para ilustrar este punto es el de una empresa que adquiere sensores de comunicación cuando no dispone todavía de un sistema de recopilación y análisis de datos. En consecuencia, se encuentra con miles de datos que no sabe por dónde empezar a explotar.

Implantación: exhaustividad frente a representatividad

En los proyectos de control energético, el principio de Pareto (más conocido como la regla del 80/20) también se demuestra: el 80 % de los resultados se obtiene con un 20 % de esfuerzo. Centrarse en los bienes más representativos de un parque inmobiliario proporcionará una visión fiable del comportamiento de los usuarios o los equipamientos. A partir de ahí, se podrán sacar conclusiones enseguida. La extrapolación de estos resultados al resto de los bienes permitirá implantar un plan de actuación global para lograr el máximo de beneficios con un mínimo de esfuerzo.

La capacidad de llevar a buen puerto la implantación de un sistema de gestión de la energía depende menos de la madurez de la estructura que de la verdadera implicación de las partes implicadas. Con el fin de concienciar e involucrar a todos, es preferible decantarse por una metodología flexible que favorezca acciones «quick wins» visibles y la mejora continua. Una vez que las partes implicadas se involucren y gracias a los primeros resultados, será mucho más fácil expandir la iniciativa y llevar a cabo una política más ambiciosa.